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"FELIPE VARELA Y LAS MONTONERAS" por Jorge Abelardo Ramos



Procedía Felipe Varela de una familia catamarqueña de acomodada posición social. Teniente de El Chacho en sus campañas iniciales, fue ayudante y edecán del general Urquiza; después de Pavón recibió sus despachos de coronel de la Nación. Los cronistas describieron su figura: alto, bizarro, criado sobre un caballo, enjuto, alimentado a carne y mate, sobresalían en su fisonomía grave los pómulos rodeados de una espesa barba. Bajo un ancho sobrero rural, vestía pantalón bombacha, chaqueta militar con alamares, bolas de caballería, insignias de coronel: así destacábase su persona de los gauchos y paisanos rotosos que lo rodearon cuando la indignación general contra Mitre y la carnicería paraguaya lo obligaron a blandir nuevamente su lanza. Sus hombres llevaban la divisa: «Defensores de la Unión Americana»; su jefe se titulaba «representante de Sudamérica».



 

El levantamiento del general Varela obligó al gobierno de Mitre a retirar las tropas. La prensa porteña cubrió de insultos su figura. ¡Después de El Chacho, todavía Varela!


El manifiesto que el caudillo insurrecto dirigió a los pueblo de la República no ha merecido la atención de nuestra ingente historiografía. Generaciones enteras de publicistas dedicaron sus energías a hurgonear el detalle más insignificante de la historia en los próceres escolares. Estas investigaciones microscópicas originaron montañas de papelotes, acumulados a través de las décadas, no tanto para descifrar supuestos enigmas, sino para soslayar los grandes problemas. 

(…)



Santos Guallama se llamaba el jefe de vanguardia del ejército de Varela; soldado gaucho, su nombre, como el de Varela, Elizondo y Corvalán, figura en la nomenclatura del cuatrerismo ¡Historiadores de pacotilla, no por casualidad muchos de ellos serían abogados a sueldo de las empresas imperialistas! Aún no se ha escrito la historia de las marchas de estas cohortes gauchas; en lucha obligaron a movilizar durante toda la guerra del Paraguay a la Guarda Nacional de cinco provincias.



Resumamos la cuestión. Sarmiento calcularía en cinco millones de pesos los recursos gastados para aplastar a las fuerzas de Varela, y en 5.000 hombres las tropas desmovilizadas de Paraguay para luchar contra los caudillos.



Acusados de salteadores y bandidos de orden común por la camarilla porteña, los hombres de Varela y Guallama fueron calificados por el Juez Federal de Salta y la Corte de esta provincia «insurrectos» rechazando el cargo de «salteadores». Por esa razón, Sarmiento, siendo Presidente de la República, y muy olvidado



de su origen sanjuanino, atacó con su dureza acostumbrada al referido juez.



El ejército del Norte a las órdenes del general Antonio Taboada (el santiagueño alquilado a Mitre) fue el encargado de liquidar las fuerzas irregulares de Varela.



Mientras Solano López agonizaba en la selva, irreductible y heroico, moría tísico en la ciudad chilena de Copiapó el general Felipe Varela. Era el 6 de junio de 1870.



No era el único vencido en el país bañado en sangre.

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