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"EL SOCIALISMO DE ROSAS" por José María Rosa


 

Rosas no defendía la colonia, defendía la Argentina: la patria aflorada en Mayo, pero latente desde los tiempos españoles. Eso tampoco lo podían entender los extranjerizantes que nada propio y nuestro veían y sentían. Para ellos en “ser español” o “ser francés” (o inglés o norteamericano) estaban los excluyentes términos de la ecuación.

 

La enorme revolución significada en la Argentina por el advenimiento de las masas fue algo muy propio, muy nuestro, cuyo parangón es inútil buscar en los libros de historia constitucional francesa editados hasta entonces. En todo caso “se adelantó” a una análoga revolución europea. Aquí surgieron las masas porque se dieron circunstancias sociales – como la crisis de la clase dirigente, factor más decisivo en el advenimiento popular que la revolución industrial – solamente aparecidas en Europa cuando la 1º guerra mundial.

 

Rosas fue llamado “socialista”. No lo era, por poseer ésta o aquella ideología; no era hombre de ideologías, sino de realidades. Pero lo cierto es que su gobierno puede llamarse “socialista” (de aquel socialismo “social” de 1848, tan diferente al individualismo usurpador del nombre). La Confederación Argentina de Rosas con su sufragio universal, igualdad de clases, fuerte nacionalismo y equitativa distribución de la riqueza era tenida como una verdadera y sólida república “socialista” adelantada al tiempo y nacida lejos de Europa. Un argentino más consciente del significado del término que Esteban Echeverría (“socialista” enemigo del sufragio popular, para quien la patria “es el universo”) como lo era Vicente López, escribe a Rosas el 15 de abril de 1851, y su carta se encuentra entre los papeles de éste en el Archivo General de la Nación:

 

“Testigo de las conmociones sin término que agotaron mi patria desde 1810 a 1829, testigo de la firmeza del gobierno de V.E. desde la última, época a la presente, he aprendido a distinguir las efímeras autoridades que daba la época del individualismo a la firme y duradera que da la época del socialismo, o de la población en masa.”

 

En los parlamentos europeos se oían las voces de los diputados socialistas advenidos en 1848 en defensa, del gobierno de Rosas. La Gaceta Mercantil del 20 de abril de 1850 registra estas de un francés, el representante socialista Laurent:

 

“No olvidemos que la guerra de los gauchos del Plata contra los unitarios del Uruguay representa en el fondo la lucha del trabajo indígena contra el capital y el monopolio extranjeros, y que de este modo encierra para los federales una doble cuestión: de nacionalidad y de socialismo.

 

”Los unitarios lo saben bien. Así ved lo que dicen de Rosas. A sus ojos el jefe del federalismo es un vecino peligroso para el Brasil, a título de propagandista y libertador de los esclavos; a sus ojos, si hay algo que ofrece analogía con las doctrinas de los revolucionarios y factores de barricadas, son las doctrinas y los actos del general Rosas.

 

”Lo que hay de cierto es que el poder de Rosas se apoya en efecto en el elemento democrático, que Rosas mejora la condición social de las clases inferiores, que hace marchar las masas populares hacia la civilización, dando al progreso las formas que permiten las necesidades locales. Y hace todo eso sin necesitar revoluciones ni barricadas, pues la soberanía nacional lo ha elevado al poder y en él se mantiene por la confianza, la gratitud y el entusiasmo de sus conciudadanos.”
 

Para sus contemporáneos amigos o enemigos (dejemos aparte a nuestros pobres mayos de ayer y de hoy con su “socialismo” individual y extranjerizante). Rosas fue socialista, progresista y demócrata. Justamente por serlo lo voltearon los aristócratas y esclavistas brasileños el 3 de febrero de 1852, unidos a los liberales argentinos ansiosos de recobrar sus privilegios. Se acabó la Argentina socialista por mucho tiempo. No porque la clase dirigente recobrara prestigio, sino porque fuimos después de Rosas una factoría de materias primas y víveres dependiente de directivas extranjeras..."

JOSÉ MARÍA ROSAS
MAESTRO DEL PENSAMIENTO NACIONAL Y POPULAR


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