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"LA POLÍTICA INTERNACIONAL Y EL SERVICIO DE INTELIGENCIA" por Juan Domingo Perón











El “servicio de inteligencia”, en la mayor parte de los países, depende directamente de los jefes de Estado. Constituye una organización estatal sui géneris con funcionamiento y financiación propios, para lo cual se utiliza el encubrimiento de empresas comerciales, industriales, etc.



Los servicios de inteligencia, en su acción en el sector internacional, como en el interno, actúan dirigidos por el jefe de Estado, con la intervención, aunque limitada, de los departamentos o ministerios correspondientes.



Cuando un servicio de espionaje o provocación actúa en un país, el responsable de tal hecho es el Estado y su jefe que lo envía y lo dirige. Sin embargo, entre las numerosas “mentiras convencionales” que ha impuesto la mala política internacional, está la de considerar al espía y al provocador como un delincuente común.



La “guerra integral” ha traído la necesidad de la penetración total. La política internacional ha seguido los mismos cauces y el contraespionaje se ejercita en los mismos campos. Por eso, los modernos servicios de espionaje invaden todos los lugares y situaciones y, en especial, los políticos, los económicos, los militares, los sociales, etc.



Se lo llama “servicio de inteligencia” porque en la lucha en que se empeña no entra la fuerza, sino la astucia, el engaño y la mala fe ejercidos con el mayor grado de inteligencia. Naturalmente, este concepto es también relativo, porque a menudo se observa que, cuando esa inteligencia es escasa en los hombres y en los gobiernos, éstos suelen recurrir a la agresión, a la presión y aun a la fuerza, para alcanzar los objetivos que les niega la inteligencia.



Tanto el empleo perturbador de la inteligencia, al servicio de la mala fe internacional — guerra fría como se la ha llamado — como la presión a la fuerza insidiosamente empleadas con hipocresía y falsedad, han creado en las relaciones internacionales de los países un estado latente de guerra sórdida y solapada, algo así como un proceso crónico, que se tolera a pesar de sus molestias, pero que al final tiene siempre graves consecuencias.



La tolerancia del convencionalismo de la política internacional moderna ha alcanzado límites inauditos, ocasionados por la perversión paulatina del sentido de la dignidad internacional, por el mutuo temor entre los fuertes o por la impotencia de los débiles.



Merced a ese estado de cosas se ha llegado a situaciones verdaderamente intolerables, en las cuales sólo la prudencia exagerada de algunos gobiernos ha podido evitar que se produjesen situaciones irremediables. Sólo así ha sido posible ver al personal diplomático, servicio de espionaje, compañías extranjeras y nativos a sueldo, que bajo la dirección de un embajador actuaron en los países contra toda la regla y tradición civilizada, para violar los principios más fundamentales de la ética profesional y diplomática.



La responsabilidad en esos casos no recae en tales irresponsables, sino en el país y en el gobierno que los dirige. Los pueblos no olvidan nunca semejantes atropellos y tales afrentas a la dignidad nacional, que constituyen motivo de odios justificados y permanentes.



Sin embargo, estos burdos métodos parecen haber evolucionado en las formas. Hoy se ataca indecorosamente a los países o a sus gobernantes, pero desde el exterior, coordinando embajadas y servicios de espionaje en una campaña generalizada de propaganda, provocación y agresión. En ella intervienen, desde los “coordinadores” que recorren los países enunciando planes para su servicio, y nativos, hasta los que como “francotiradores” firman artículos, o los que habiendo pertenecido siempre al servicio de espionaje,  ahora pretenden hacer creer que “trabajan por su cuenta”.



Las agencias informativas manejadas por los servicios de inteligencia participan también en esos planes, y los diarios venales de los diversos países son asimismo instrumentos a su servicio. Aparecen de pronto numerosas revistas, con diversos nombres mal disimulados, que bajo inocente pretexto se suman a la campaña publicitaria dentro y fuera de los países. Noticiarios y transmisiones radiales, como servicios gratuitos de películas cinematográficas de propaganda, completan el cuadro de penetración mal disimulada.



Los pueblos azotados por estos métodos irritantes, los países ofendidos por estos procedimientos agresivos, y los hombres heridos por estos sistemas de escarnio se suman cada día a la legión de los enemigos. “Quien siembra vientos no puede sino recoger tempestades”.



Es indudable que esta acción subalterna, obra hombres pequeños e irresponsables, cualesquiera sean las situaciones que ocupan, tienen el grave inconveniente de crear situaciones embarazosas en las relaciones internacionales. Sin embargo, los pueblos, generalmente intuitivos, se sobreponen a esa subalternidad. Lo lamentable es que estos instrumentos que podían servir para cimentar la amistad y la libertad de los pueblos, en manos inmorales e irresponsables se transforman en instrumentos de odio y de opresión.



Cuando echamos una mirada a los tiempos y a los hombres, sentimos la congoja del descenso y la angustia del vacío. ¡Cuánto desciende la humanidad en la dirección de sus destinos al cambiar estadistas sabios y prudentes por hombres malos y mentirosos!




Por Descartes 
(seudónimo utilizado por Juan D. Perón) - Octubre 4 de 1951









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